martes, agosto 08, 2006

Sudafrica mia

Sudáfrica mía.

Siempre imaginé tener la piel de color. Admiro sus sobresalientes aptitudes físicas y sobre todo la innata capacidad de hacer música.
En tiempos de convertibilidad, era más conveniente ir a África que a Mar del Plata, entonces mis anhelos se cristalizaron. Un ex jefe había estado en Sudáfrica unos meses antes, su entusiasmo me contagió y animó a emprender el viaje soñado.
Recorrí la embajada del país africano, reuní pilas y pilas de literatura, folletos, fotos. Cuanto mas información reunía más alucinaba con estar lo antes posible sobre suelo africano.
Internet, me conectó con agencias de viajes, parques, hoteles y todas las reservas quedaron efectuadas mirando la pantalla de mi computadora.
Hasta aquel momento mi imagen respecto a Sudáfrica era más bien la de un país atrasado, con una pequeña sociedad rica, lujo para muy pocos, miseria para la mayoría y una naturaleza exuberante, enmarcado en un continente salvaje.
Aeronave de compañía aérea malaya. Ansiedad y un cierto temor que aumentaban a medida que la nave se acercaba al continente negro. Todas las reservas habían sido establecidas por mail así que, si bien contaba con el ok. de las agencias, parques, paradores, hoteles, no podía dejar de pensar que algo podía fallar tratándose de un país en vías de desarrollo.
Escala en ciudad del Cabo. Parada final en Johannesburgo.
Me habían recomendado evitar alojarme en Johannesburgo a causa de la inseguridad, por lo tanto, retiré el auto de la agencia (todo estaba perfectamente preparado fue suficiente con invocar mi apellido).
Hacía apenas 6 años que Sudáfrica había comenzado a cerrar sus viejas heridas de racismo y discriminación. Otrora, los de color vivían perseguidos, discriminados y encerrados en barrios especiales, en un sistema donde los blancos dominaban y que fue conocido como aparthied. Hoy ambas razas conviven en la misma oficina. Aunque el camino es largo y queda mucho por recorrer, la primera lección que aprendí fue la de incipiente convivencia.
La segunda, que no estaba en un país atrasado, sino en uno con inconvenientes pero con muchas ganas de torcer el destino esquivo en lo social, puesto que en lo natural desbordan de privilegios.
Como país con algunas herencias sajonas, el sistema de conducción es británico. Las calles son al revés que las nuestras y el volante esta ubicado del lado derecho del automóvil. Los primeros kilómetros fueron una sucesión de dudas, mordidas de banquina, golpes a la puerta buscando una palanca de cambios que estaba ubicada del otro lado, algún bocinazo de un conductor impaciente. Después de 60 km. llegamos a Pretoria, la capital del país.
Luego de visitar la ciudad por dos días, la aventura mas excitante nos aguardaba. Primero una noche en una reserva cultural, donde descendientes de distintas etnias originales del país, proponen un acercamiento diferente a las raíces de esta tierra.
Al llegar un coro de aborígenes cantando en Zulú, nos recibió. Piel de gallina, asombro, fotos y video a granel.
Mientras aguardábamos al resto del contingente que nos iba a acompañar en esta experiencia, fuimos alojados en una cabaña construida al estilo cxlosa (una de las etnias). La construcción rústica (Aunque no le faltaba electricidad ni baño).
Unos niños correteaban y nos observaban como si fuésemos bichos raros. Claro ellos apenas hablan algunas palabras en inglés, el español les resultaría extraño.
Una de las pequeñas se llamaba Sandiso, imposible olvidarlo. Una sonrisa del tamaño de su carita color café y dientes blancos inmaculados.
El horario de comienzo de actividades estaba fijado para las 18, así que teníamos un rato libre para recorrer la comarca aborigen.
Todo remitía a la historia del continente, el coro seguía cantando hasta que tuvieron un tiempito libre que mitigaron desplegando un mazo de naipes occidentales y modernos; pero lo más curioso ocurrió cuando unas mujeres estaban armando pacientemente unas muñecas con lentejuelas. Se me ocurrió filmarlas mientras les preguntábamos su procedencia, porque estaban vestidas de tal o cual manera, hasta que un conocido ruido quebró el encanto; una de las mujeres extrajo de entre sus ropas un celular, atendió y comenzó a hablar en un idioma indescifrable. Pocas vocales, muchos ruidos onomatopéyicos, algo realmente extraño.
Claro luego nos explicaron que la mayoría de ellos fueron convocados desde otros lugares. Sudáfrica es un país extenso, por lo tanto algunos provenían del sur, otros del centro y algunos otros del norte.
Después de una breve introducción, comenzó el recorrido de la comarca. Historias fascinantes, culturas diametralmente diferentes a la occidental. Cada etnia mostraba algunas cosas inherentes a sus costumbres. Forma de vida, subsistencia, organización social.
Mas tarde y antes de disfrutar de la cena, un show de danzas típicas, nos transportó al pasado. Trajes típicos, movimientos casi imposibles para cualquier mortal, música en vivo, alguna reminiscencia a los rituales ancestrales, sudor, mucho sudor.
Cuando la música terminó, la cena estaba servida. Mi comentario fue: lo único que falta es que alguno de ellos se siente en nuestra mesa. Dicho y hecho, tal como reza el refrán.
La propuesta, para los valientes, era comer carnes y vegetales extraños. Cocodrilo, avestruz, antílope y algunas verduras de las cuales no recuerdo su nombre, pero imposible olvidar su sabor. Todos y cada uno de los platos fueron testeados, nobleza obliga, hasta ese momento pensaba que la mejor carne estaba en mi país; y puede ser cierto pero esto si nos suscribimos a la vacuna exclusivamente. Manjares que aún hoy puedo casi recordar, sabores exóticos, diferentes, pero sumamente atractivos.De allí partimos hacia el Parque Nacional Kruger (la reserva mas grande del mundo) su extensión es mas amplia que algunos países, 400 km de largo por 70 km de ancho.
Un error de cálculo horario y una confusión en la elección de la puerta de entrada (hay varias) a la reserva, casi nos deja afuera ese día. Los parques son estrictos en los horarios de ingreso, por los peligros que implica andar de noche a la buena de Dios. La mayoría de las especies tienen hábitos nocturnos y esto no es un zoológico de animales sueltos.
Cuando me estaban negando el ingreso, atiné a decir que era argentino, que tenía una reserva, que tenía más miedo de andar de noche por afuera del parque que por adentro. Sólo lo convenció el ábrete Sésamo que los argentinos utilizamos en situaciones tirantes: Maradona. La gente de color es muy fanática del fútbol allí, así que pude comprobar en carne propia la utilidad de la palabra mágica. En un instante pasó del gesto adusto a una sonrisa cómplice y me entregó un folleto donde se detallan las normas de seguridad a respetar.
Me explicó que era sumamente riesgoso entrar al parque casi de noche. Me dio algunas instrucciones, inspeccionó el vehículo para constatar que no portaba armas y levantó la barrera.
La primera impresión fue encontrar un elefante destrozando un árbol. El folleto que me dieron a la entrada ponía más énfasis en el cuidado de un elefante, un rinoceronte o un hipopótamo que de cualquier otra especie.
Aunque el león, las hienas, los leopardos y chitas, también tenían un lugar privilegiado en el ranking de peligrosidad.
Una vez caída la noche, la marcha era obligatoriamente lenta (20 ó 30 km por hora). Un muro de pastizales surcado por el ripio, escasa visión, adrenalina en sus máximos valores. De repente algo cortaba el camino. Nos acercamos muy lentamente hasta que vimos claramente la imponente e inconfundible silueta de un rinoceronte (una de las especies mas peligrosas) parado en el medio de la ruta. Un par de luces, bocinazos; la bestia inmutable. Miedo, angustia, arrepentimiento por haber ingresado. 20 minutos parados, de repente un ruido familiar, un motor que pasaba cerca. Luces que se acercaban. Algo así como una nave extraterrestre se estacionó detrás nuestro. Eso pareció al principio, en realidad era un vehículo atestado de luces tipo busca huellas en su frente que nos encandiló, al tiempo que un guarda parque con cara de muy enojado golpeó la ventanilla de mi esposa. En términos duros, preguntó que estábamos haciendo allí. En inglés pero con los nervios de punta (para justificar mi tartamudez en el idioma sajón), le mostré el “bichito que teníamos adelante”, le dije que me habían dejado entrar 40 minutos antes. No aceptó disculpas de ningún tipo, hablo por radio en Afrikáans (uno de los idiomas oficiales del país) y espetó firme: Follow me! (sígame). Aceleró como para investir al animal que desapareció en el muro de pastizal. Mientras el hombre me guiaba a 60 km por hora (conociendo el camino, y con el vehículo preparado es mas fácil), yo hacía todo el esfuerzo de seguirlo lo mas cerca posible, no quería incomodar al guardaparque otra vez, menos pasar por otra experiencia similar.
No supe hasta llegar al portón del campamento Pretoriuskoop, si me estaba guiando a destino o me estaba deportando de la reserva.
Los nervios fueron aplacándose; mientras fui advertido por el administrador de la reserva que no debía aventurarme nunca más de esa manera. A lo que respondí que le prometía respetar la norma a rajatabla, no por él, sino por mis nervios.
Una vez alojados en la cabaña que teníamos reservada, dormí como si un tren me hubiese arrollado.
Seis días sumergido en el “El Kruger” pernoctando en diferentes campamentos, rodeados de una naturaleza increíble, sin perder ninguna excursión o recorriendo los caminos en auto, luego unos días en Pilgrim´s Rest (un pueblito minero de mas de 140 años, preservado obsesivamente como si uno estuviera en 1850) y una semana de descanso en Ciudad del cabo.
Intensidad era una de mis búsquedas en este viaje. Sin duda las experiencias culturales, naturales, los paisajes, lo olores, la diversidad, las costumbres diferentes; todo confluyó para hacer de esta una experiencia que superó ampliamente todas las expectativas.
Dejé África convencido de querer volver. Sentí que aquel lugar me pertenecía.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Daniel:

Que interesante fue leer tu experiencia en el continente negro... Me trasladaba al lugar mientras leía... Yo estuve a punto de ir y por una u otra cuestión no fui y luego con el cambio de la cotización menos aún... Quería conocer ese parque, Table Mountain y ademas hacer algunas horas de vuelo sobre esas tierras. Ojalá un poco más adelante pueda yo conocer ese lugar tan misterioso y te voy a tener en cuenta para preguntarte de todo.

Un abrazo y seguí escribiendo.
Joan

Anónimo dijo...

Qué buena travesía! pero qué peligrosa para un argentino que siempre piensa "me retrasé un poco, pero no pasa nada". Gracias a Dios lo recuerdan con gracia y un poquitín de humor. Ojalá puedan vivir un montón de viajes fascinantes y curiosos como ese. Pero ¡ojo! no se confíen en el resto del mundo se respetan las reglas a rajatabla.