martes, agosto 08, 2006

30 años no es nada

A treinta años de la noche mas larga, apenas quedan en la conciencia de quien escribe un sticker que anunciaba que los argentinos somos derechos y humanos, algún que otro control policial en cruces de provincia a capital o en alguna ruta, un festejo impresionante el día que Argentina se coronó por primera vez como campeón mundial de fútbol en el 78, la alegría general el día que Argentina puso un pie en Malvinas, un derrumbe colectivo el día que nos enteramos que la guerra se venía “ganando comodamente”, hasta que, por arte de magia, la perdimos en los cinco minutos finales. Luego, un masivo master en política e historia que los argentinos recibieron cuando volvieron a votar en el año 1983 por la vuelta de la democracia. Mas tarde los argentinos pudimos acceder a las “catacumbas” de nuestra propia historia y nos enteramos lo que realmente había sucedido. Todos habíamos sido prisioneros de un proceso que aún hoy nos divide como sociedad entre los que están a favor y los que en contra. (aunque es justo reconocer que la gran mayoría esta del lado de la segunda alternativa, pero sólo con la historia a favor como para decidir, ya que muchos en el año 1976, cuando ocurrió el golpe, estaban a favor de una reorganización social de la mano de los militares)
No importa tanto la cantidad de muertos, sino más bien los hechos que envolvieron a esas muertes. Un país rehén de unos cuantos que inventaron la máquina de muerte mas espantosa que recuerda nuestra historia como país, aunque si uno bucea mas atrás en el tiempo, encontrará que la infamia no nació un 24 de marzo de 1976, cuando los militares derrocaron a Isabel Perón, sino que ya un tal Urquiza, otro apellidado Rosas, otro mas aca en el tiempo llamado Roca, habían introducido al país en el metier de aniquilar a los enemigos en vez de intentar construir en conjunto.
Esto también pertenece a la historia y actualidad universal, no aceptar tener enemigos bajo ninguna circunstancia, pero cuando esto es desmedido el resultado es triste. 10, 20, ó 30 mil personas muertas, la matemática o la estadística asustan pero no es lo que interesa, sino que se han perdido vidas en nombre de eliminar a los que piensan diferente. Una cosa es una guerra donde hay dos bandos enfrentados y reglas bélicas (que no comparto) y otra muy distinta es matar por no ser de la misma opinión política, que es el caso del proceso que empezó en el año 76. Es cierto, algunos empuñaron las armas en nombre de la revolución (que son los menos y estaban dispuestos a llegar a las ultimas consecuencias por sus ideales) y otros que ejercían su derecho de pensar diferente, hacían trabajos sociales y constituían por ese solo hecho, una amenaza. Estos son los que realmente mueven la aguja estadística y son los casos que nos tienen que impulsar a convencernos que las hegemonías y los extremismos son una amenaza para la sociedad.
Kirchner tiene un claro discurso en contra del proceso de reorganización nacional, sin embargo tiene también una actitud tan déspota como la que exhibían los infames que intentaron “reorganizarnos”, al no permitir, ni en lo mas mínimo rodearse de alguien que opine diferente.
Corta cabeza de colaboradores, tira palos en la rueda a funcionarios que dicen algo fuera de lugar, pone en el freezer a quienes ejercen su derecho de pensar libremente. Quienes lo rodean saben del comportamiento hegemónico e implacable que ejerce el mandatario, ahora enconado con su otrora ministro de economía. A quien, días pasados, “mandó a cortar sus dedos sin sangrado”. Hasta su lenguaje induce a recuerdos ingratos.

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