CUERPO, MENTE Y ESPIRITU.
Tal como es mi costumbre, el otro día estaba escuchando el programa de Ari Paluch, (uno de los periodistas más escuchados en la frecuencia modulada de Argentina). Desde hace tiempo tengo este hábito, mayormente comparto la forma en que trata la realidad y aunque disienta, reconozco que es interesante lo que opina.
Últimamente es habitual que entreviste personas ligadas a distintas religiones o también a celebridades a los que les pregunta sobre sus creencias o prácticas espirituales y en todos los casos es notable la necesidad y búsqueda que el ser humano indefectiblemente hace en pos de encontrar paz espiritual. La mayoría reconoce haber buscado en distintas religiones y creencias (signo evidente de no haber encontrado lo que buscaba). Otros aseguran encontrarla en la creencia de la reencarnación, en algún profeta, hay quienes en los extraterrestres y algunos hasta piensan que uno mismo es parte de Dios, pero en la mayoría de los casos todos buscan y prueban distintas filosofías.
Paluch es de familia judía cree en Dios pero se confiesa no practicante de la religión de sus ancestros.
En este caso no comparto su forma de entender la espiritualidad, me interesa lo plural que se muestra a la hora de entrevistar a unos u otros sin perjuicios y respetando a todos y mi caso, tener un panorama amplio que me permita reflexionar porque el hombre busca insaciablemente y no encuentra respuestas. ¿las busca erróneamente?, ¿Existen tales respuestas?, ¿Somos seres incompletos?, ¿somos el producto de una casualidad cósmica, que como tal no tiene un sentido espécifico determinado y de allí provienen nuestras confusiones y faltas?
El título de esta reflexión habla de tres partes en las que estamos constituidos todos los seres humanos. Tres partes que conviven dentro de uno. El diseño de nuestra parte física es el cuerpo, la materia que crece, se desgasta, se muere. En segundo lugar esta nuestra mente, también limitada, en algunos casos mas desarrollada que en otros, que nos da la posibilidad de razonar, entender, estudiar, tener emociones, sentirnos con vida, pero también tiene fecha de vencimiento. Por último esta nuestro espíritu y es acá donde quiero detenerme. Esta parte es la que nos lleva a pensar quienes somos y para que estamos, en que o quien esta detrás de todas las cosas. Es sin dudas la parte mas trascendental del hombre porque es eterna. Nos empuja a sentir la necesidad de creer en alguien. No tengo dudas de que el espíritu fue diseñado adrede y tampoco las tengo en el hecho de afirmar que fue hecho por Dios porque somos seres limitados creados para una vida eterna donde el cuerpo y la mente solo tienen un sentido preparatorio, pasajero. Nuestro espíritu es como el módem de una computadora, tiene la función de ser la conexión a Dios.
La desobediencia de Adán y Eva, significó la pérdida de muchos privilegios que Dios había reservado para el Ser Humano, esto resultó en ser destituidos del Edén y la maldad comenzó a extenderse a toda la creación.
Dios tuvo varios intentos de reconciliación, diseñados para restaurar la relación original con él, el más sublime ha sido enviar a su único Hijo, Jesucristo, para que Este, en sacrificio voluntario, derrotara a la maldad gobernante en la tierra y manifiesta en todos los aspectos de nuestra existencia.
Para entender en algo el sentimiento de Dios, piense: que felicidad tiene un padre al ver al fruto de su sangre por primera vez…, seguramente correrán lagrimas el día que su hijo diga por primera vez papá, se derretirá cuando su hijo le haga saber que lo ama y cuanto más cuando el hijo se desenvuelva en la vida dentro de los parámetros que el padre le trasmitió.
Hoy, parece que el hombre se ha olvidado de su creador y lo que es peor lo desprecia, le desobedece, incluso lo desconoce.
Volviendo al caso de recién ¿como se sentiría el mismo padre si su propia sangre lo despreciara, le desobedeciera, incluso si se olvidara de él?, seguramente frustrado, amargado, desilusionado, pero es muy difícil que este padre se olvide y tenga la misma actitud que su heredero, por el contrario, creo que la mayoría de padres esperarían ansiosos la vuelta de su hijo y estarían dispuestos a perdonarlo.
Creo que este es el sentimiento de Dios… no estoy en su mente pero puedo imaginarlo, leyéndolo en su palabra, meditando con él en oración.
También pienso que la historia de la humanidad sería muy diferente si le diéramos la cara en vez de la espalda.
Hasta aca todo parece sin esperanza, sin embargo, hay buenas noticias para el que las quiera tomar. El es el padre que esta esperando a que su hijo pródigo regrese. Aunque sea harapiento, humillado, desnutrido y fracasado… tiene los brazos abiertos para recibirnos una vez más.
Quiere que desarrollemos esa capacidad espiritual que el mismo diseñó para que nuestra vida este conectada a sus bendiciones, sus promesas, su autoridad y poder sin igual. Asi lo establece en su palabra.
jueves, agosto 31, 2006
Fábrica de zombies
Es un gasto que se puede recortar el derecho a la educación?, rotundamente, NO!
Sin embargo parece que esta ha sido la política adoptada por los sucesivos gobiernos, retroalimentada por la falta de conciencia social del resto de la sociedad.
No es novedad pensar que a mayor ignorancia, mas posibilidades de someter al pueblo, perpetuarse en el poder, hacer y deshacer a voluntad, enriquecerse ilimitadamente.
El secreto es crear “zombies” que por un lado sean fáciles de convencer con algún plan trabajar, con algún par de zapatillas o, mucho mas económico, con un pancho y una gaseosa y por el otro lavar las culpas propias, endilgándoselas a agentes externos (FMI, situación internacional, gobiernos anteriores) pero seguir aplicando básicamente los mismos “esquemas” sociales, económicos y políticos.
A modo de paréntesis sólo mencionar que actualmente existe una brecha en el poder adquisitivo nunca vista entre el 10 % mas pobre y el 10 % mas rico.
Claro, este es el principio, pero los efectos colaterales de estas prácticas lo padecen no solo las personas “castizadas” en este sistema, que ni siquiera ven pasar las oportunidades de lejos, consiguen trabajos informales poco durables, intentan escapar de la realidad que les rodea amparándose en algún vicio que daña su salud física y mental, continúa con su entorno (familia, amigos, vecinos) y en varios casos culmina en el resto de la sociedad que observa como este fenómeno impacta en la inseguridad. Cuando en realidad habría que pensar que estas personas nacen y están casi condenadas al pozo, por eso la referencia a las “castas”, que como en India funcionan aceptadas por la mayoría como un destino “divino”, sistema que, entre otras cosas, permite al Estado y la sociedad en Gral. Desentenderse del flagelo de los demás. Porque la inseguridad no es solo que alguien robe, secuestre o mate, Sino: no poder educar a los hijos cuando lo que prima es el estómago, no poder gozar de la igualdad, no tener una obra social y tantos otras carencias.
El horizonte, para colmo, no ayuda porque revertir esto implica entre otras cosas resignar, y quien quiere resignar algo?.... NADIE.
El secreto pasa por una mejor distribución, el tema es como lograrlo.
En sociedades modelo como la finlandesa, la sueca, la suiza, el aprendizaje les ha demandado dolores de cabeza y sobre todo instrumentar políticas que permitan acotar las brechas entre pudientes y carentes. Esto se logró en base a altas cargas impositivas, sobre todo a los segmentos mas altos, esfuerzos mancomunados de políticos, trabajadores, empresarios, férreas políticas de educación pública en primer término, (el gasto o inversión en educación que hace el Gobierno finés corresponde al 6 % de su PBI) donde existe una excelente escolaridad primaria, media y universitaria y las oportunidades son iguales para todos. Por ejemplo: la mayoría es subvencionada por el Estado hasta que se recibe y a partir de ese momento el profesional tiene el deber de devolver al Estado lo que se le prestó. Puede ser restituyendo el dinero a plazo convenido o trabajando para la sociedad.
Obviamente tienen también sus problemas que van mucho mas allá de lo material, pero al menos han conseguido estabilidad social, seguridad, alfabetización 100%, oportunidades y todo esto en un contexto donde han tenido que transformar su economía mantenida con la exportación de materias primas hasta hace 25 años atrás (exportaban árboles y poco mas) a una economía donde el valor agregado, la industria (sobre todo la de telecomunicaciones y software) demanda preparación, esfuerzo y creatividad para no perder el terreno conquistado. Asimismo es difícil encontrar marginalidad, pobreza, hambre, falta de oportunidades. Tampoco existe la riqueza desmedida, todos tienen acceso a su casa, vehículo, carrera universitaria, trabajo digno, los políticos viven de su trabajo y los índices de corrupción son escandalosamente bajos!!!... Si otros pueden por que no nosotros, se preguntará ud. Y la respuesta es que podríamos, pero antes habrá que cambiar muchas cosas. No debemos copiar el modelo pero si buscar soluciones creativas que nos permitan alcanzar en algunos años un país mas equitativo, con oportunidades para todos.
Argentina aún es el granero del mundo y actualmente el crecimiento y las exportaciones están apoyadas en buena medida en este rubro, pero hay infinidades de oportunidades potenciales para desarrollar y participar mas activamente en la cadena de producción del planeta. Esto es proveer materia prima pero trabajar duro para manufacturarla lo mas posible.
Hoy es una utopía y un error echarle la culpa a los pobres, porque enseguida viene la tentación de decir: “este no tiene laburo porque no quiere”, “los villeros son una manga de vagos”. No se ofenda, en algún caso quizás sea así, pero porque el resto de la sociedad es la dueña de la fábrica de “zombies”.
Sin embargo parece que esta ha sido la política adoptada por los sucesivos gobiernos, retroalimentada por la falta de conciencia social del resto de la sociedad.
No es novedad pensar que a mayor ignorancia, mas posibilidades de someter al pueblo, perpetuarse en el poder, hacer y deshacer a voluntad, enriquecerse ilimitadamente.
El secreto es crear “zombies” que por un lado sean fáciles de convencer con algún plan trabajar, con algún par de zapatillas o, mucho mas económico, con un pancho y una gaseosa y por el otro lavar las culpas propias, endilgándoselas a agentes externos (FMI, situación internacional, gobiernos anteriores) pero seguir aplicando básicamente los mismos “esquemas” sociales, económicos y políticos.
A modo de paréntesis sólo mencionar que actualmente existe una brecha en el poder adquisitivo nunca vista entre el 10 % mas pobre y el 10 % mas rico.
Claro, este es el principio, pero los efectos colaterales de estas prácticas lo padecen no solo las personas “castizadas” en este sistema, que ni siquiera ven pasar las oportunidades de lejos, consiguen trabajos informales poco durables, intentan escapar de la realidad que les rodea amparándose en algún vicio que daña su salud física y mental, continúa con su entorno (familia, amigos, vecinos) y en varios casos culmina en el resto de la sociedad que observa como este fenómeno impacta en la inseguridad. Cuando en realidad habría que pensar que estas personas nacen y están casi condenadas al pozo, por eso la referencia a las “castas”, que como en India funcionan aceptadas por la mayoría como un destino “divino”, sistema que, entre otras cosas, permite al Estado y la sociedad en Gral. Desentenderse del flagelo de los demás. Porque la inseguridad no es solo que alguien robe, secuestre o mate, Sino: no poder educar a los hijos cuando lo que prima es el estómago, no poder gozar de la igualdad, no tener una obra social y tantos otras carencias.
El horizonte, para colmo, no ayuda porque revertir esto implica entre otras cosas resignar, y quien quiere resignar algo?.... NADIE.
El secreto pasa por una mejor distribución, el tema es como lograrlo.
En sociedades modelo como la finlandesa, la sueca, la suiza, el aprendizaje les ha demandado dolores de cabeza y sobre todo instrumentar políticas que permitan acotar las brechas entre pudientes y carentes. Esto se logró en base a altas cargas impositivas, sobre todo a los segmentos mas altos, esfuerzos mancomunados de políticos, trabajadores, empresarios, férreas políticas de educación pública en primer término, (el gasto o inversión en educación que hace el Gobierno finés corresponde al 6 % de su PBI) donde existe una excelente escolaridad primaria, media y universitaria y las oportunidades son iguales para todos. Por ejemplo: la mayoría es subvencionada por el Estado hasta que se recibe y a partir de ese momento el profesional tiene el deber de devolver al Estado lo que se le prestó. Puede ser restituyendo el dinero a plazo convenido o trabajando para la sociedad.
Obviamente tienen también sus problemas que van mucho mas allá de lo material, pero al menos han conseguido estabilidad social, seguridad, alfabetización 100%, oportunidades y todo esto en un contexto donde han tenido que transformar su economía mantenida con la exportación de materias primas hasta hace 25 años atrás (exportaban árboles y poco mas) a una economía donde el valor agregado, la industria (sobre todo la de telecomunicaciones y software) demanda preparación, esfuerzo y creatividad para no perder el terreno conquistado. Asimismo es difícil encontrar marginalidad, pobreza, hambre, falta de oportunidades. Tampoco existe la riqueza desmedida, todos tienen acceso a su casa, vehículo, carrera universitaria, trabajo digno, los políticos viven de su trabajo y los índices de corrupción son escandalosamente bajos!!!... Si otros pueden por que no nosotros, se preguntará ud. Y la respuesta es que podríamos, pero antes habrá que cambiar muchas cosas. No debemos copiar el modelo pero si buscar soluciones creativas que nos permitan alcanzar en algunos años un país mas equitativo, con oportunidades para todos.
Argentina aún es el granero del mundo y actualmente el crecimiento y las exportaciones están apoyadas en buena medida en este rubro, pero hay infinidades de oportunidades potenciales para desarrollar y participar mas activamente en la cadena de producción del planeta. Esto es proveer materia prima pero trabajar duro para manufacturarla lo mas posible.
Hoy es una utopía y un error echarle la culpa a los pobres, porque enseguida viene la tentación de decir: “este no tiene laburo porque no quiere”, “los villeros son una manga de vagos”. No se ofenda, en algún caso quizás sea así, pero porque el resto de la sociedad es la dueña de la fábrica de “zombies”.
martes, agosto 08, 2006
30 años no es nada
A treinta años de la noche mas larga, apenas quedan en la conciencia de quien escribe un sticker que anunciaba que los argentinos somos derechos y humanos, algún que otro control policial en cruces de provincia a capital o en alguna ruta, un festejo impresionante el día que Argentina se coronó por primera vez como campeón mundial de fútbol en el 78, la alegría general el día que Argentina puso un pie en Malvinas, un derrumbe colectivo el día que nos enteramos que la guerra se venía “ganando comodamente”, hasta que, por arte de magia, la perdimos en los cinco minutos finales. Luego, un masivo master en política e historia que los argentinos recibieron cuando volvieron a votar en el año 1983 por la vuelta de la democracia. Mas tarde los argentinos pudimos acceder a las “catacumbas” de nuestra propia historia y nos enteramos lo que realmente había sucedido. Todos habíamos sido prisioneros de un proceso que aún hoy nos divide como sociedad entre los que están a favor y los que en contra. (aunque es justo reconocer que la gran mayoría esta del lado de la segunda alternativa, pero sólo con la historia a favor como para decidir, ya que muchos en el año 1976, cuando ocurrió el golpe, estaban a favor de una reorganización social de la mano de los militares)
No importa tanto la cantidad de muertos, sino más bien los hechos que envolvieron a esas muertes. Un país rehén de unos cuantos que inventaron la máquina de muerte mas espantosa que recuerda nuestra historia como país, aunque si uno bucea mas atrás en el tiempo, encontrará que la infamia no nació un 24 de marzo de 1976, cuando los militares derrocaron a Isabel Perón, sino que ya un tal Urquiza, otro apellidado Rosas, otro mas aca en el tiempo llamado Roca, habían introducido al país en el metier de aniquilar a los enemigos en vez de intentar construir en conjunto.
Esto también pertenece a la historia y actualidad universal, no aceptar tener enemigos bajo ninguna circunstancia, pero cuando esto es desmedido el resultado es triste. 10, 20, ó 30 mil personas muertas, la matemática o la estadística asustan pero no es lo que interesa, sino que se han perdido vidas en nombre de eliminar a los que piensan diferente. Una cosa es una guerra donde hay dos bandos enfrentados y reglas bélicas (que no comparto) y otra muy distinta es matar por no ser de la misma opinión política, que es el caso del proceso que empezó en el año 76. Es cierto, algunos empuñaron las armas en nombre de la revolución (que son los menos y estaban dispuestos a llegar a las ultimas consecuencias por sus ideales) y otros que ejercían su derecho de pensar diferente, hacían trabajos sociales y constituían por ese solo hecho, una amenaza. Estos son los que realmente mueven la aguja estadística y son los casos que nos tienen que impulsar a convencernos que las hegemonías y los extremismos son una amenaza para la sociedad.
Kirchner tiene un claro discurso en contra del proceso de reorganización nacional, sin embargo tiene también una actitud tan déspota como la que exhibían los infames que intentaron “reorganizarnos”, al no permitir, ni en lo mas mínimo rodearse de alguien que opine diferente.
Corta cabeza de colaboradores, tira palos en la rueda a funcionarios que dicen algo fuera de lugar, pone en el freezer a quienes ejercen su derecho de pensar libremente. Quienes lo rodean saben del comportamiento hegemónico e implacable que ejerce el mandatario, ahora enconado con su otrora ministro de economía. A quien, días pasados, “mandó a cortar sus dedos sin sangrado”. Hasta su lenguaje induce a recuerdos ingratos.
No importa tanto la cantidad de muertos, sino más bien los hechos que envolvieron a esas muertes. Un país rehén de unos cuantos que inventaron la máquina de muerte mas espantosa que recuerda nuestra historia como país, aunque si uno bucea mas atrás en el tiempo, encontrará que la infamia no nació un 24 de marzo de 1976, cuando los militares derrocaron a Isabel Perón, sino que ya un tal Urquiza, otro apellidado Rosas, otro mas aca en el tiempo llamado Roca, habían introducido al país en el metier de aniquilar a los enemigos en vez de intentar construir en conjunto.
Esto también pertenece a la historia y actualidad universal, no aceptar tener enemigos bajo ninguna circunstancia, pero cuando esto es desmedido el resultado es triste. 10, 20, ó 30 mil personas muertas, la matemática o la estadística asustan pero no es lo que interesa, sino que se han perdido vidas en nombre de eliminar a los que piensan diferente. Una cosa es una guerra donde hay dos bandos enfrentados y reglas bélicas (que no comparto) y otra muy distinta es matar por no ser de la misma opinión política, que es el caso del proceso que empezó en el año 76. Es cierto, algunos empuñaron las armas en nombre de la revolución (que son los menos y estaban dispuestos a llegar a las ultimas consecuencias por sus ideales) y otros que ejercían su derecho de pensar diferente, hacían trabajos sociales y constituían por ese solo hecho, una amenaza. Estos son los que realmente mueven la aguja estadística y son los casos que nos tienen que impulsar a convencernos que las hegemonías y los extremismos son una amenaza para la sociedad.
Kirchner tiene un claro discurso en contra del proceso de reorganización nacional, sin embargo tiene también una actitud tan déspota como la que exhibían los infames que intentaron “reorganizarnos”, al no permitir, ni en lo mas mínimo rodearse de alguien que opine diferente.
Corta cabeza de colaboradores, tira palos en la rueda a funcionarios que dicen algo fuera de lugar, pone en el freezer a quienes ejercen su derecho de pensar libremente. Quienes lo rodean saben del comportamiento hegemónico e implacable que ejerce el mandatario, ahora enconado con su otrora ministro de economía. A quien, días pasados, “mandó a cortar sus dedos sin sangrado”. Hasta su lenguaje induce a recuerdos ingratos.
La voz de Jorge
Existen unas cuantas formas de forjar poder, construirlo demanda esfuerzo, viveza, demostraciones de fuerza y una fuerte dosis de ambición y casi siempre recursos financieros.
Jorge, un muchacho del campo pero de familia bien. Supo trabajar en el sector privado (aunque su paso haya dejado una estela de compañías en quiebra). Lo tildaron de botarate, y ahogó sus penas en un mar de alcohol. En el medio y a pesar de sus errores como administrador de empresas, se relacionó muy bien… sobre todo porque los contactos de “papi” eran todos peces gordos.
Finalmente volvió al ruedo, diciendo que su vida había sido cambiada por Dios, y como si fuera poco, convenció a millones haciéndoles creer que El Supremo le habla y le encomienda ciertas misiones que Dios en persona, difícilmente haría.
Este personaje con aires de místico, que intenta enmascarar en la “voz de Dios” locuras y ambiciones (ambas desmedidas por cierto), no es otro que el presidente de los EEUU.
Nada que decir del pueblo Norteamericano, de quienes se puede admirar unas cuantas cosas, sino de quienes acompañan en esta “misión libertadora del mundo” al mandamás de la Casablanca.
En el Antiguo Testamento hay documentados varios hechos bélicos donde Dios le permitía al pueblo judío defenderse o entrar en guerra contra otras naciones; sin embargo hay algunos puntos que se repiten en cada hecho y que no tienen relación ninguna con lo que hoy ocurre con aquellos países que son atacados sistemáticamente por los EEUU.
En primer lugar y tratándose de pueblos que cometían abominación delante de Dios, había una premisa de no tocar nada que perteneciera al enemigo, es decir tenían la ayuda de Dios para derrotar al contrincante pero no para tomar sus cosas.
En segundo lugar, Dios autorizaba hechos violentos cuando su propósito pretendía ser alterado.
Tercero: no había mentira ni engaño hacia el pueblo por parte de sus gobernantes o reyes. Había justificativos y pautas claras acerca del porque del conflicto armado.
Cuarto: Cuando Dios intervenía del lado de su pueblo las batallas eran cortas. No se necesitaba del mayor ejército del mundo ni de la tecnología. Bastaba con una confusión mandada por El Creador o algún hecho sobrenatural para que el pueblo judío prevaleciera. Porque realmente Dios estaba de su lado y había una razón suficiente que tiene que ver con la justicia divina.
Habrá muchos puntos mas de análisis pero estos cuatro son suficientes para pensar que lo que hacen “Jorge y sus secuaces”, es lisa y llanamente un engaño atroz para asegurarse la provisión de elementos como el petróleo (en este caso) fundamental para la economía Norteamericana, como lo será en el futuro el agua o el aire o cuanto elemento básico se torne escaso.
El primer punto no resiste el menor análisis, todo el aparato militar de los Estados Unidos desplegado en Irak o Afganistán, tienen como fin custodiar el futuro del oro negro y el gas. Elementos que los EEUU poseían a granel, y todavía tiene pero cada vez en menor cantidad. Claro que el país imperio no puede darse el lujo de que terceros manejen tan preciado material, cuando una falta de provisión puede hacer trastabillar al gigante.
El segundo punto es controversial, es decir, se ha levantado una bandera de lucha contra el terrorismo. Es cierto. Hay varios hechos violentos llevados a cabo por una minoría que expresa sus sentimientos o resentimientos a través del acto más salvaje y cobarde que es matar inocentes. Sin embargo, no era necesario matar a civiles, torturar, invadir, violar mujeres, tirar misiles de alto poder destructivo, sobre todo cuando se demuestra que la excusa de invasión que eran las armas de destrucción masiva que se “sospechaba” poseía Irak, jamás existieron. Es mas las armas que Jorge pensaba tenían los iraquíes, eran balas de salva comparadas con las toneladas de armamento que descargó EEUU sobre la sangre de miles inocentes. Cierto, seguro que “Jorgito” piensa que como Dios esta de su lado, el puede tener las armas pero los demás, no!
Tercero: Hubo mentiras, engaños y nunca pautas claras. Si en el antiguo Testamento Dios operaba de manera diferente, seguro que mantiene su política.
Cuarto: “Estando Dios de su lado”, Jorge con la mayor potencia del mundo perdió el control de la operación desde un principio. Ni armas sofisticadas, ni la concentración inusitada de fuerzas, pudieron “liberar” al mundo del terrorismo ni del resentimiento y odio in crecente que aumenta día a día por parte de quienes sienten la muerte de cerca.
Es difícil pronosticar como termina esto, si es probable que recién este empezando.
Jorge tiene agendado algunos otros puntos de posible conflicto. Venezuela, el amazonas, Irán, ya veremos donde continúa sus luchas por la “libertad”.
Daniel Pérez Valdés. 10-03-2006
Jorge, un muchacho del campo pero de familia bien. Supo trabajar en el sector privado (aunque su paso haya dejado una estela de compañías en quiebra). Lo tildaron de botarate, y ahogó sus penas en un mar de alcohol. En el medio y a pesar de sus errores como administrador de empresas, se relacionó muy bien… sobre todo porque los contactos de “papi” eran todos peces gordos.
Finalmente volvió al ruedo, diciendo que su vida había sido cambiada por Dios, y como si fuera poco, convenció a millones haciéndoles creer que El Supremo le habla y le encomienda ciertas misiones que Dios en persona, difícilmente haría.
Este personaje con aires de místico, que intenta enmascarar en la “voz de Dios” locuras y ambiciones (ambas desmedidas por cierto), no es otro que el presidente de los EEUU.
Nada que decir del pueblo Norteamericano, de quienes se puede admirar unas cuantas cosas, sino de quienes acompañan en esta “misión libertadora del mundo” al mandamás de la Casablanca.
En el Antiguo Testamento hay documentados varios hechos bélicos donde Dios le permitía al pueblo judío defenderse o entrar en guerra contra otras naciones; sin embargo hay algunos puntos que se repiten en cada hecho y que no tienen relación ninguna con lo que hoy ocurre con aquellos países que son atacados sistemáticamente por los EEUU.
En primer lugar y tratándose de pueblos que cometían abominación delante de Dios, había una premisa de no tocar nada que perteneciera al enemigo, es decir tenían la ayuda de Dios para derrotar al contrincante pero no para tomar sus cosas.
En segundo lugar, Dios autorizaba hechos violentos cuando su propósito pretendía ser alterado.
Tercero: no había mentira ni engaño hacia el pueblo por parte de sus gobernantes o reyes. Había justificativos y pautas claras acerca del porque del conflicto armado.
Cuarto: Cuando Dios intervenía del lado de su pueblo las batallas eran cortas. No se necesitaba del mayor ejército del mundo ni de la tecnología. Bastaba con una confusión mandada por El Creador o algún hecho sobrenatural para que el pueblo judío prevaleciera. Porque realmente Dios estaba de su lado y había una razón suficiente que tiene que ver con la justicia divina.
Habrá muchos puntos mas de análisis pero estos cuatro son suficientes para pensar que lo que hacen “Jorge y sus secuaces”, es lisa y llanamente un engaño atroz para asegurarse la provisión de elementos como el petróleo (en este caso) fundamental para la economía Norteamericana, como lo será en el futuro el agua o el aire o cuanto elemento básico se torne escaso.
El primer punto no resiste el menor análisis, todo el aparato militar de los Estados Unidos desplegado en Irak o Afganistán, tienen como fin custodiar el futuro del oro negro y el gas. Elementos que los EEUU poseían a granel, y todavía tiene pero cada vez en menor cantidad. Claro que el país imperio no puede darse el lujo de que terceros manejen tan preciado material, cuando una falta de provisión puede hacer trastabillar al gigante.
El segundo punto es controversial, es decir, se ha levantado una bandera de lucha contra el terrorismo. Es cierto. Hay varios hechos violentos llevados a cabo por una minoría que expresa sus sentimientos o resentimientos a través del acto más salvaje y cobarde que es matar inocentes. Sin embargo, no era necesario matar a civiles, torturar, invadir, violar mujeres, tirar misiles de alto poder destructivo, sobre todo cuando se demuestra que la excusa de invasión que eran las armas de destrucción masiva que se “sospechaba” poseía Irak, jamás existieron. Es mas las armas que Jorge pensaba tenían los iraquíes, eran balas de salva comparadas con las toneladas de armamento que descargó EEUU sobre la sangre de miles inocentes. Cierto, seguro que “Jorgito” piensa que como Dios esta de su lado, el puede tener las armas pero los demás, no!
Tercero: Hubo mentiras, engaños y nunca pautas claras. Si en el antiguo Testamento Dios operaba de manera diferente, seguro que mantiene su política.
Cuarto: “Estando Dios de su lado”, Jorge con la mayor potencia del mundo perdió el control de la operación desde un principio. Ni armas sofisticadas, ni la concentración inusitada de fuerzas, pudieron “liberar” al mundo del terrorismo ni del resentimiento y odio in crecente que aumenta día a día por parte de quienes sienten la muerte de cerca.
Es difícil pronosticar como termina esto, si es probable que recién este empezando.
Jorge tiene agendado algunos otros puntos de posible conflicto. Venezuela, el amazonas, Irán, ya veremos donde continúa sus luchas por la “libertad”.
Daniel Pérez Valdés. 10-03-2006
Marruecos
Siempre soñé con un viaje a un destino exótico, una cultura diferente, sabores, colores, idiomas y aromas desconocidos.
Afortunado en la materia viajes, el vicio de conocer culturas diferentes comenzó con la luna de miel en México.
Vencida la convertibilidad (la gran oportunidad de muchos para soñar con destinos lejanos y hacerlos una realidad), en el año 2002 tuve, hasta ahora, la última oportunidad de visitar la península Ibérica y embarcarme en el Peñón de Gibraltar, a la fascinante aventura de visitar el norte de Marruecos.
Globalización mediante a priori todo luce, desde lejos, parecido a lo que uno conoce; una ciudad con edificios, un puerto con alto movimiento, playas. Apenas descendido del aliscafo encontré cada una de las sensaciones antes anheladas, sumadas a otras no tenidas en cuenta pero tan o más atractivas.
El Islam todo lo gobierna, todo… absolutamente todo. Incontable cantidad de mezquitas esparcidas en la Medina (ciudad vieja), son incontables las torres desde donde penden los altavoces que recuerdan cinco veces al día el rezo obligatorio a todo feligrés musulmán.
El mercadillo con miles de tiendas, calles internas desordenadas, mujeres haciendo sus compras, comerciantes que nos llaman e intentan vendernos cuanta mercadería tienen, abundancia de colores y aromas penetrantes, frescos, atractivos…; Aladino, Ali baba y los cuarenta ladrones, Las mil y una noches (es imposible no caer en el lugar común de las comparaciones).
La gran mayoría de las personas ataviadas con túnicas, muy pocos a la usanza occidental. Ninguna calle en línea recta, mujeres que caminan detrás de sus familias, otras que están cubiertas de pies a cabeza, sin dejar el más mínimo detalle a la vista, excepto los ojos.
Mohamed, nuestro guía, no permite ninguna parada comercial fuera de programa por temor a algún engaño… todos saben que somos turistas, probablemente tenemos dinero ó electrónicos que pueden resultar atractivos a algún ladronzuelo ocasional (sabido es que es parte de su negocio llevarnos a un lugar “seguro”… bah, lo que es seguro es que le pagan comisión por meternos como ovejas en el matadero al local que le conviene).
Dentro del establecimiento es posible encontrar todo tipo de artículos regionales y artesanías. Lo mas atractivo son unas alfombras de ensueño, otra vez es imposible dejar de pensar en Aladino, Ali baba y las mil y una noches.
Incontable cantidad de asistentes, un señor que domina varios idiomas, primero en inglés, luego en español y por último en francés. A medida que describe las particularidades de cada artículo, otros colegas van desplegando con gracia y experiencia las preciadas alfombras. Algunas con valores mas altos que los de una casa en la misma Medina.
Con el bolsillo flaco, a causa del fin del 1 a 1 de los años noventa, no pude mas que admirar las maravillas, sin embargo mi vista se detuvo en unos simpáticos almohadones confeccionados en cuero de camello. Bastó que me detuviera mas de diez segundos en aquella curiosidad, para que se acercara un vendedor con un español entreverado pero suficiente para poder desplegar sus “artes de la negociación” conmigo. Nada tiene el precio exhibido, asi que ofreció ayuda primero preguntó de donde venía. “Argentino”, contesté.
“Ahhhh… Maradona, tango, fue su intro. Esbecial brecio a usted. (no es un error de ortografía, su acento era muy marcado). 50 euros!, barata, mucho barata, calidad, camello”.
“¿50 Euros?... (En ese momento se multiplicaba por 2.85 pesos), con ese dinero en Buenos Aires compro un sillón para dos personas”
Ahhhh… si, si, venga, venga (con un gesto de complicidad intentó apartarme del grupo para negociar y que los demás no escucharan, que a mi por ser de Argentina me hacían una atención, la misma que me harían si viniese del Congo Belga o de USA) bara usded brecio bueno, 45 Euros. (Cada uno)
“Disculpe, me gusta mucho, pero es demasiado. Solo podría pagar 35 Euros por dos de ellos”
“Nooo!, eso brecio imbosible!, no, no. 70 Euros los dos”. (Gestos ampulosos, como de enojado, molesto).
Se alejó, todos me miraban porque además había levantado su voz. Intentando pasar desapercibida seguí mirando. Esta vez unos jarrones metálicos pintados con miles de arabescos. Otro empleado intentó acercarse, cuando de repente volvió el vendedor original.
“lleva dos, baga brecio muy barata, esbecial. 60 Euros”.
“No, gracias. Sólo dispongo de 35 euros”. Busqué en el bolsillo pero, Ley de Murphy infaltable, tenía un billete de 5, así que se lo enseñé y le dije que con eso también tenía que comer.
“Ahhh, ah… 50 euros los dos, brecio Argentina”.
“No, 35”
“45”, amiiiigaaa
“35”, seguía en mis trece.
“brecio esbecial, ultimo, 40 por dos”
“35, ni un Euro mas, tengo que almorzar y no dispongo de mas dinero”
Estábamos cerca de cerrar la operación, Mohamed ya estaba llamando para reunirnos y continuar el paseo. El vendedor desapareció, los almohadones quedaron en su lugar. El local era una casa vieja y llena de pisos, entrepisos, olores fuertes, abarrotado de mercadería, escaleras, un laberinto indescifrable. Ya estaba mareada con tanto. Mohamed que me hace una seña, camino hacia el, veo la salida, cuando estaba a metros de conseguirla; otra vez el vendedor, esta vez acompañado de otro señor con cara de dueño y pocos amigos. Los almohadones en una bolsa. El guía se detiene por unos instantes.
“40 Euros, lleva, lleva, si, si,. Argentina, amiga, brecio esbecial”.
Me sentí acosada, toqué mi bolsillo. Extraje los 50 Euros. “35 es lo máximo que puedo ofrecer”, tiré por última vez antes de agarrar la bolsa y aceptar su oferta de 40.
Ahhhh, uuhhhh, mmmm, (gestos ampulosos otra vez, se agarraban la cabeza, y por ultimo dieron paso a una sucesión de palabras en árabe que no entendía, pero que dejaban traslucir su significado). Conversaban entre ellos, hasta que el señor de cara
adusta, hizo una seña, extrajo un fangote de billetes de su bolsillo (todos de monedas fuertes), intercaló mi papel entre los suyos y se demoró lo suficiente como para hacerme sufrir, para que sintiera su poder y finalmente de mala gana sacó 10 Euros.
Enseguida reclamé por los otros cinco.
Otra vez su mirada penetrante, dura. Cara de molestia. Jugando una vez mas con mi tiempo de descuento, finalmente completó el trato. Un instante después él y su vendedor, trocaron sus gestos duros por una amplia y agradecida sonrisa, un saludo cordial y un deseo de mucha suerte. La táctica había funcionado una vez más. Un juego que me hizo dar cuenta que estaba en el país de los beduinos, los comerciantes que tienen miles de años dominando el arte de la negociación, cara de pocos amigos, rezongos, pero ellos jamás trabajan a pérdida, aunque en este caso el precio pagado fuese menos que la mitad original.
Otra vez en las calles entreveradas, se acercaba el tiempo de almuerzo. Mientras se nos contaba la historia de la ciudad, algunos puntos de interés, pasábamos por arcos, pórticos, restos de murallas; éramos seguidos por una tropa de vendedores ambulantes que no dejaban de acosarnos con sus ofertas. Ser descortés y mal educado parecía la única forma de evitarlos; no mirarlos, no tocar su mercadería, decirles que uno no los entiende, así y todo fui perseguida por uno mas de 10 cuadras. Pobre hombre (pensé) finalmente le compré por 5 Euros un instrumento musical, sólo porque me dio lástima que caminase detrás de mí por nada. Una vez mas recordé que ellos son descendientes de los mejores comerciantes que hayan existido. Nacieron para eso, son perseverantes, dispuestos a todo.
Mientras nos dirigíamos al lugar del almuerzo seguíamos recorriendo partes viejas de la ciudad nueva. Es decir ya no estábamos en la Medina (como ellos llaman a la parte histórica). En las calles que datan de principios de siglo XX y que no fueron concebidas para el tránsito de automóviles, es asombroso ver como los artesanos producen sus mercancías en la calle o en pequeños recintos. En uno de ellos había doce hombres bordando alfombras. Punto por punto, todo a mano. Mientras, unos niños ayudaban a hilar la lana a los gritos. Lo hacen de manera artesanal con unos artefactos milenarios que necesitan una distancia que en algunos casos supera los 100 metros, algo que se puede hacer sin problema en la calle porque no hay vehículos que interrumpan la labor.
Antes de llegar al restaurante, no podían faltar los encantadores de serpientes, ahora si sentía que todo lo que una vez había soñado estaba al alcance de mi mano.
Las casas están construidas de una manera extraña. Amplios salones, pisos y entrepisos. Todo adornado con enseres de estilo árabe y plantas. Por fuera parecen casas viejas y muy venidas abajo. “Uno vive adentro, la comodidad entonces, debe estar donde uno la puede disfrutar”, fue la sencilla y lógica explicación de Mohamed.
De ese estilo era el restaurante. Una casa vieja por fuera, una recepción amplia, una escalera, los entrepisos, varias plantas que adornaban el camino, mosaicos con dibujos en el piso y una música que me remitió a las odaliscas de las películas. Una vez en el recinto principal la propuesta era: Cus cus (un alimento parecido a la polenta y que sirve como compañía a casi todas las comidas del lugar), pollo, algunas ensaladas, bebidas gaseosas, postre y el infaltable té de menta. (Bebida refrescante, sobre todo para el calor seco e inexpugnable de la zona).
Todo coronado con un íntimo show de música y danza árabe.
Poco quedaba de la aventura marroquí por disfrutar. El micro nos dejó en el puerto. Algunos puestos con mercancía típica para los que no decidieron a tiempo. Con mis almohadones de cuero de camello en la bolsa, y orgullosa por mi poder de negociación me acerqué para preguntar el precio.
20 euros cada uno, me dijo el vendedor. (mi orgullo de “buena negociante”, hecho trizas)
Ofrecí 15 por uno extra. No hizo falta negociar mas y al mismo tiempo arrepentirme por haber pagado de mas por los otros dos. Ellos son los reyes del mercadeo, como en los libros y en las películas.
Afortunado en la materia viajes, el vicio de conocer culturas diferentes comenzó con la luna de miel en México.
Vencida la convertibilidad (la gran oportunidad de muchos para soñar con destinos lejanos y hacerlos una realidad), en el año 2002 tuve, hasta ahora, la última oportunidad de visitar la península Ibérica y embarcarme en el Peñón de Gibraltar, a la fascinante aventura de visitar el norte de Marruecos.
Globalización mediante a priori todo luce, desde lejos, parecido a lo que uno conoce; una ciudad con edificios, un puerto con alto movimiento, playas. Apenas descendido del aliscafo encontré cada una de las sensaciones antes anheladas, sumadas a otras no tenidas en cuenta pero tan o más atractivas.
El Islam todo lo gobierna, todo… absolutamente todo. Incontable cantidad de mezquitas esparcidas en la Medina (ciudad vieja), son incontables las torres desde donde penden los altavoces que recuerdan cinco veces al día el rezo obligatorio a todo feligrés musulmán.
El mercadillo con miles de tiendas, calles internas desordenadas, mujeres haciendo sus compras, comerciantes que nos llaman e intentan vendernos cuanta mercadería tienen, abundancia de colores y aromas penetrantes, frescos, atractivos…; Aladino, Ali baba y los cuarenta ladrones, Las mil y una noches (es imposible no caer en el lugar común de las comparaciones).
La gran mayoría de las personas ataviadas con túnicas, muy pocos a la usanza occidental. Ninguna calle en línea recta, mujeres que caminan detrás de sus familias, otras que están cubiertas de pies a cabeza, sin dejar el más mínimo detalle a la vista, excepto los ojos.
Mohamed, nuestro guía, no permite ninguna parada comercial fuera de programa por temor a algún engaño… todos saben que somos turistas, probablemente tenemos dinero ó electrónicos que pueden resultar atractivos a algún ladronzuelo ocasional (sabido es que es parte de su negocio llevarnos a un lugar “seguro”… bah, lo que es seguro es que le pagan comisión por meternos como ovejas en el matadero al local que le conviene).
Dentro del establecimiento es posible encontrar todo tipo de artículos regionales y artesanías. Lo mas atractivo son unas alfombras de ensueño, otra vez es imposible dejar de pensar en Aladino, Ali baba y las mil y una noches.
Incontable cantidad de asistentes, un señor que domina varios idiomas, primero en inglés, luego en español y por último en francés. A medida que describe las particularidades de cada artículo, otros colegas van desplegando con gracia y experiencia las preciadas alfombras. Algunas con valores mas altos que los de una casa en la misma Medina.
Con el bolsillo flaco, a causa del fin del 1 a 1 de los años noventa, no pude mas que admirar las maravillas, sin embargo mi vista se detuvo en unos simpáticos almohadones confeccionados en cuero de camello. Bastó que me detuviera mas de diez segundos en aquella curiosidad, para que se acercara un vendedor con un español entreverado pero suficiente para poder desplegar sus “artes de la negociación” conmigo. Nada tiene el precio exhibido, asi que ofreció ayuda primero preguntó de donde venía. “Argentino”, contesté.
“Ahhhh… Maradona, tango, fue su intro. Esbecial brecio a usted. (no es un error de ortografía, su acento era muy marcado). 50 euros!, barata, mucho barata, calidad, camello”.
“¿50 Euros?... (En ese momento se multiplicaba por 2.85 pesos), con ese dinero en Buenos Aires compro un sillón para dos personas”
Ahhhh… si, si, venga, venga (con un gesto de complicidad intentó apartarme del grupo para negociar y que los demás no escucharan, que a mi por ser de Argentina me hacían una atención, la misma que me harían si viniese del Congo Belga o de USA) bara usded brecio bueno, 45 Euros. (Cada uno)
“Disculpe, me gusta mucho, pero es demasiado. Solo podría pagar 35 Euros por dos de ellos”
“Nooo!, eso brecio imbosible!, no, no. 70 Euros los dos”. (Gestos ampulosos, como de enojado, molesto).
Se alejó, todos me miraban porque además había levantado su voz. Intentando pasar desapercibida seguí mirando. Esta vez unos jarrones metálicos pintados con miles de arabescos. Otro empleado intentó acercarse, cuando de repente volvió el vendedor original.
“lleva dos, baga brecio muy barata, esbecial. 60 Euros”.
“No, gracias. Sólo dispongo de 35 euros”. Busqué en el bolsillo pero, Ley de Murphy infaltable, tenía un billete de 5, así que se lo enseñé y le dije que con eso también tenía que comer.
“Ahhh, ah… 50 euros los dos, brecio Argentina”.
“No, 35”
“45”, amiiiigaaa
“35”, seguía en mis trece.
“brecio esbecial, ultimo, 40 por dos”
“35, ni un Euro mas, tengo que almorzar y no dispongo de mas dinero”
Estábamos cerca de cerrar la operación, Mohamed ya estaba llamando para reunirnos y continuar el paseo. El vendedor desapareció, los almohadones quedaron en su lugar. El local era una casa vieja y llena de pisos, entrepisos, olores fuertes, abarrotado de mercadería, escaleras, un laberinto indescifrable. Ya estaba mareada con tanto. Mohamed que me hace una seña, camino hacia el, veo la salida, cuando estaba a metros de conseguirla; otra vez el vendedor, esta vez acompañado de otro señor con cara de dueño y pocos amigos. Los almohadones en una bolsa. El guía se detiene por unos instantes.
“40 Euros, lleva, lleva, si, si,. Argentina, amiga, brecio esbecial”.
Me sentí acosada, toqué mi bolsillo. Extraje los 50 Euros. “35 es lo máximo que puedo ofrecer”, tiré por última vez antes de agarrar la bolsa y aceptar su oferta de 40.
Ahhhh, uuhhhh, mmmm, (gestos ampulosos otra vez, se agarraban la cabeza, y por ultimo dieron paso a una sucesión de palabras en árabe que no entendía, pero que dejaban traslucir su significado). Conversaban entre ellos, hasta que el señor de cara
adusta, hizo una seña, extrajo un fangote de billetes de su bolsillo (todos de monedas fuertes), intercaló mi papel entre los suyos y se demoró lo suficiente como para hacerme sufrir, para que sintiera su poder y finalmente de mala gana sacó 10 Euros.
Enseguida reclamé por los otros cinco.
Otra vez su mirada penetrante, dura. Cara de molestia. Jugando una vez mas con mi tiempo de descuento, finalmente completó el trato. Un instante después él y su vendedor, trocaron sus gestos duros por una amplia y agradecida sonrisa, un saludo cordial y un deseo de mucha suerte. La táctica había funcionado una vez más. Un juego que me hizo dar cuenta que estaba en el país de los beduinos, los comerciantes que tienen miles de años dominando el arte de la negociación, cara de pocos amigos, rezongos, pero ellos jamás trabajan a pérdida, aunque en este caso el precio pagado fuese menos que la mitad original.
Otra vez en las calles entreveradas, se acercaba el tiempo de almuerzo. Mientras se nos contaba la historia de la ciudad, algunos puntos de interés, pasábamos por arcos, pórticos, restos de murallas; éramos seguidos por una tropa de vendedores ambulantes que no dejaban de acosarnos con sus ofertas. Ser descortés y mal educado parecía la única forma de evitarlos; no mirarlos, no tocar su mercadería, decirles que uno no los entiende, así y todo fui perseguida por uno mas de 10 cuadras. Pobre hombre (pensé) finalmente le compré por 5 Euros un instrumento musical, sólo porque me dio lástima que caminase detrás de mí por nada. Una vez mas recordé que ellos son descendientes de los mejores comerciantes que hayan existido. Nacieron para eso, son perseverantes, dispuestos a todo.
Mientras nos dirigíamos al lugar del almuerzo seguíamos recorriendo partes viejas de la ciudad nueva. Es decir ya no estábamos en la Medina (como ellos llaman a la parte histórica). En las calles que datan de principios de siglo XX y que no fueron concebidas para el tránsito de automóviles, es asombroso ver como los artesanos producen sus mercancías en la calle o en pequeños recintos. En uno de ellos había doce hombres bordando alfombras. Punto por punto, todo a mano. Mientras, unos niños ayudaban a hilar la lana a los gritos. Lo hacen de manera artesanal con unos artefactos milenarios que necesitan una distancia que en algunos casos supera los 100 metros, algo que se puede hacer sin problema en la calle porque no hay vehículos que interrumpan la labor.
Antes de llegar al restaurante, no podían faltar los encantadores de serpientes, ahora si sentía que todo lo que una vez había soñado estaba al alcance de mi mano.
Las casas están construidas de una manera extraña. Amplios salones, pisos y entrepisos. Todo adornado con enseres de estilo árabe y plantas. Por fuera parecen casas viejas y muy venidas abajo. “Uno vive adentro, la comodidad entonces, debe estar donde uno la puede disfrutar”, fue la sencilla y lógica explicación de Mohamed.
De ese estilo era el restaurante. Una casa vieja por fuera, una recepción amplia, una escalera, los entrepisos, varias plantas que adornaban el camino, mosaicos con dibujos en el piso y una música que me remitió a las odaliscas de las películas. Una vez en el recinto principal la propuesta era: Cus cus (un alimento parecido a la polenta y que sirve como compañía a casi todas las comidas del lugar), pollo, algunas ensaladas, bebidas gaseosas, postre y el infaltable té de menta. (Bebida refrescante, sobre todo para el calor seco e inexpugnable de la zona).
Todo coronado con un íntimo show de música y danza árabe.
Poco quedaba de la aventura marroquí por disfrutar. El micro nos dejó en el puerto. Algunos puestos con mercancía típica para los que no decidieron a tiempo. Con mis almohadones de cuero de camello en la bolsa, y orgullosa por mi poder de negociación me acerqué para preguntar el precio.
20 euros cada uno, me dijo el vendedor. (mi orgullo de “buena negociante”, hecho trizas)
Ofrecí 15 por uno extra. No hizo falta negociar mas y al mismo tiempo arrepentirme por haber pagado de mas por los otros dos. Ellos son los reyes del mercadeo, como en los libros y en las películas.
Sudafrica mia
Sudáfrica mía.
Siempre imaginé tener la piel de color. Admiro sus sobresalientes aptitudes físicas y sobre todo la innata capacidad de hacer música.
En tiempos de convertibilidad, era más conveniente ir a África que a Mar del Plata, entonces mis anhelos se cristalizaron. Un ex jefe había estado en Sudáfrica unos meses antes, su entusiasmo me contagió y animó a emprender el viaje soñado.
Recorrí la embajada del país africano, reuní pilas y pilas de literatura, folletos, fotos. Cuanto mas información reunía más alucinaba con estar lo antes posible sobre suelo africano.
Internet, me conectó con agencias de viajes, parques, hoteles y todas las reservas quedaron efectuadas mirando la pantalla de mi computadora.
Hasta aquel momento mi imagen respecto a Sudáfrica era más bien la de un país atrasado, con una pequeña sociedad rica, lujo para muy pocos, miseria para la mayoría y una naturaleza exuberante, enmarcado en un continente salvaje.
Aeronave de compañía aérea malaya. Ansiedad y un cierto temor que aumentaban a medida que la nave se acercaba al continente negro. Todas las reservas habían sido establecidas por mail así que, si bien contaba con el ok. de las agencias, parques, paradores, hoteles, no podía dejar de pensar que algo podía fallar tratándose de un país en vías de desarrollo.
Escala en ciudad del Cabo. Parada final en Johannesburgo.
Me habían recomendado evitar alojarme en Johannesburgo a causa de la inseguridad, por lo tanto, retiré el auto de la agencia (todo estaba perfectamente preparado fue suficiente con invocar mi apellido).
Hacía apenas 6 años que Sudáfrica había comenzado a cerrar sus viejas heridas de racismo y discriminación. Otrora, los de color vivían perseguidos, discriminados y encerrados en barrios especiales, en un sistema donde los blancos dominaban y que fue conocido como aparthied. Hoy ambas razas conviven en la misma oficina. Aunque el camino es largo y queda mucho por recorrer, la primera lección que aprendí fue la de incipiente convivencia.
La segunda, que no estaba en un país atrasado, sino en uno con inconvenientes pero con muchas ganas de torcer el destino esquivo en lo social, puesto que en lo natural desbordan de privilegios.
Como país con algunas herencias sajonas, el sistema de conducción es británico. Las calles son al revés que las nuestras y el volante esta ubicado del lado derecho del automóvil. Los primeros kilómetros fueron una sucesión de dudas, mordidas de banquina, golpes a la puerta buscando una palanca de cambios que estaba ubicada del otro lado, algún bocinazo de un conductor impaciente. Después de 60 km. llegamos a Pretoria, la capital del país.
Luego de visitar la ciudad por dos días, la aventura mas excitante nos aguardaba. Primero una noche en una reserva cultural, donde descendientes de distintas etnias originales del país, proponen un acercamiento diferente a las raíces de esta tierra.
Al llegar un coro de aborígenes cantando en Zulú, nos recibió. Piel de gallina, asombro, fotos y video a granel.
Mientras aguardábamos al resto del contingente que nos iba a acompañar en esta experiencia, fuimos alojados en una cabaña construida al estilo cxlosa (una de las etnias). La construcción rústica (Aunque no le faltaba electricidad ni baño).
Unos niños correteaban y nos observaban como si fuésemos bichos raros. Claro ellos apenas hablan algunas palabras en inglés, el español les resultaría extraño.
Una de las pequeñas se llamaba Sandiso, imposible olvidarlo. Una sonrisa del tamaño de su carita color café y dientes blancos inmaculados.
El horario de comienzo de actividades estaba fijado para las 18, así que teníamos un rato libre para recorrer la comarca aborigen.
Todo remitía a la historia del continente, el coro seguía cantando hasta que tuvieron un tiempito libre que mitigaron desplegando un mazo de naipes occidentales y modernos; pero lo más curioso ocurrió cuando unas mujeres estaban armando pacientemente unas muñecas con lentejuelas. Se me ocurrió filmarlas mientras les preguntábamos su procedencia, porque estaban vestidas de tal o cual manera, hasta que un conocido ruido quebró el encanto; una de las mujeres extrajo de entre sus ropas un celular, atendió y comenzó a hablar en un idioma indescifrable. Pocas vocales, muchos ruidos onomatopéyicos, algo realmente extraño.
Claro luego nos explicaron que la mayoría de ellos fueron convocados desde otros lugares. Sudáfrica es un país extenso, por lo tanto algunos provenían del sur, otros del centro y algunos otros del norte.
Después de una breve introducción, comenzó el recorrido de la comarca. Historias fascinantes, culturas diametralmente diferentes a la occidental. Cada etnia mostraba algunas cosas inherentes a sus costumbres. Forma de vida, subsistencia, organización social.
Mas tarde y antes de disfrutar de la cena, un show de danzas típicas, nos transportó al pasado. Trajes típicos, movimientos casi imposibles para cualquier mortal, música en vivo, alguna reminiscencia a los rituales ancestrales, sudor, mucho sudor.
Cuando la música terminó, la cena estaba servida. Mi comentario fue: lo único que falta es que alguno de ellos se siente en nuestra mesa. Dicho y hecho, tal como reza el refrán.
La propuesta, para los valientes, era comer carnes y vegetales extraños. Cocodrilo, avestruz, antílope y algunas verduras de las cuales no recuerdo su nombre, pero imposible olvidar su sabor. Todos y cada uno de los platos fueron testeados, nobleza obliga, hasta ese momento pensaba que la mejor carne estaba en mi país; y puede ser cierto pero esto si nos suscribimos a la vacuna exclusivamente. Manjares que aún hoy puedo casi recordar, sabores exóticos, diferentes, pero sumamente atractivos.De allí partimos hacia el Parque Nacional Kruger (la reserva mas grande del mundo) su extensión es mas amplia que algunos países, 400 km de largo por 70 km de ancho.
Un error de cálculo horario y una confusión en la elección de la puerta de entrada (hay varias) a la reserva, casi nos deja afuera ese día. Los parques son estrictos en los horarios de ingreso, por los peligros que implica andar de noche a la buena de Dios. La mayoría de las especies tienen hábitos nocturnos y esto no es un zoológico de animales sueltos.
Cuando me estaban negando el ingreso, atiné a decir que era argentino, que tenía una reserva, que tenía más miedo de andar de noche por afuera del parque que por adentro. Sólo lo convenció el ábrete Sésamo que los argentinos utilizamos en situaciones tirantes: Maradona. La gente de color es muy fanática del fútbol allí, así que pude comprobar en carne propia la utilidad de la palabra mágica. En un instante pasó del gesto adusto a una sonrisa cómplice y me entregó un folleto donde se detallan las normas de seguridad a respetar.
Me explicó que era sumamente riesgoso entrar al parque casi de noche. Me dio algunas instrucciones, inspeccionó el vehículo para constatar que no portaba armas y levantó la barrera.
La primera impresión fue encontrar un elefante destrozando un árbol. El folleto que me dieron a la entrada ponía más énfasis en el cuidado de un elefante, un rinoceronte o un hipopótamo que de cualquier otra especie.
Aunque el león, las hienas, los leopardos y chitas, también tenían un lugar privilegiado en el ranking de peligrosidad.
Una vez caída la noche, la marcha era obligatoriamente lenta (20 ó 30 km por hora). Un muro de pastizales surcado por el ripio, escasa visión, adrenalina en sus máximos valores. De repente algo cortaba el camino. Nos acercamos muy lentamente hasta que vimos claramente la imponente e inconfundible silueta de un rinoceronte (una de las especies mas peligrosas) parado en el medio de la ruta. Un par de luces, bocinazos; la bestia inmutable. Miedo, angustia, arrepentimiento por haber ingresado. 20 minutos parados, de repente un ruido familiar, un motor que pasaba cerca. Luces que se acercaban. Algo así como una nave extraterrestre se estacionó detrás nuestro. Eso pareció al principio, en realidad era un vehículo atestado de luces tipo busca huellas en su frente que nos encandiló, al tiempo que un guarda parque con cara de muy enojado golpeó la ventanilla de mi esposa. En términos duros, preguntó que estábamos haciendo allí. En inglés pero con los nervios de punta (para justificar mi tartamudez en el idioma sajón), le mostré el “bichito que teníamos adelante”, le dije que me habían dejado entrar 40 minutos antes. No aceptó disculpas de ningún tipo, hablo por radio en Afrikáans (uno de los idiomas oficiales del país) y espetó firme: Follow me! (sígame). Aceleró como para investir al animal que desapareció en el muro de pastizal. Mientras el hombre me guiaba a 60 km por hora (conociendo el camino, y con el vehículo preparado es mas fácil), yo hacía todo el esfuerzo de seguirlo lo mas cerca posible, no quería incomodar al guardaparque otra vez, menos pasar por otra experiencia similar.
No supe hasta llegar al portón del campamento Pretoriuskoop, si me estaba guiando a destino o me estaba deportando de la reserva.
Los nervios fueron aplacándose; mientras fui advertido por el administrador de la reserva que no debía aventurarme nunca más de esa manera. A lo que respondí que le prometía respetar la norma a rajatabla, no por él, sino por mis nervios.
Una vez alojados en la cabaña que teníamos reservada, dormí como si un tren me hubiese arrollado.
Seis días sumergido en el “El Kruger” pernoctando en diferentes campamentos, rodeados de una naturaleza increíble, sin perder ninguna excursión o recorriendo los caminos en auto, luego unos días en Pilgrim´s Rest (un pueblito minero de mas de 140 años, preservado obsesivamente como si uno estuviera en 1850) y una semana de descanso en Ciudad del cabo.
Intensidad era una de mis búsquedas en este viaje. Sin duda las experiencias culturales, naturales, los paisajes, lo olores, la diversidad, las costumbres diferentes; todo confluyó para hacer de esta una experiencia que superó ampliamente todas las expectativas.
Dejé África convencido de querer volver. Sentí que aquel lugar me pertenecía.
Siempre imaginé tener la piel de color. Admiro sus sobresalientes aptitudes físicas y sobre todo la innata capacidad de hacer música.
En tiempos de convertibilidad, era más conveniente ir a África que a Mar del Plata, entonces mis anhelos se cristalizaron. Un ex jefe había estado en Sudáfrica unos meses antes, su entusiasmo me contagió y animó a emprender el viaje soñado.
Recorrí la embajada del país africano, reuní pilas y pilas de literatura, folletos, fotos. Cuanto mas información reunía más alucinaba con estar lo antes posible sobre suelo africano.
Internet, me conectó con agencias de viajes, parques, hoteles y todas las reservas quedaron efectuadas mirando la pantalla de mi computadora.
Hasta aquel momento mi imagen respecto a Sudáfrica era más bien la de un país atrasado, con una pequeña sociedad rica, lujo para muy pocos, miseria para la mayoría y una naturaleza exuberante, enmarcado en un continente salvaje.
Aeronave de compañía aérea malaya. Ansiedad y un cierto temor que aumentaban a medida que la nave se acercaba al continente negro. Todas las reservas habían sido establecidas por mail así que, si bien contaba con el ok. de las agencias, parques, paradores, hoteles, no podía dejar de pensar que algo podía fallar tratándose de un país en vías de desarrollo.
Escala en ciudad del Cabo. Parada final en Johannesburgo.
Me habían recomendado evitar alojarme en Johannesburgo a causa de la inseguridad, por lo tanto, retiré el auto de la agencia (todo estaba perfectamente preparado fue suficiente con invocar mi apellido).
Hacía apenas 6 años que Sudáfrica había comenzado a cerrar sus viejas heridas de racismo y discriminación. Otrora, los de color vivían perseguidos, discriminados y encerrados en barrios especiales, en un sistema donde los blancos dominaban y que fue conocido como aparthied. Hoy ambas razas conviven en la misma oficina. Aunque el camino es largo y queda mucho por recorrer, la primera lección que aprendí fue la de incipiente convivencia.
La segunda, que no estaba en un país atrasado, sino en uno con inconvenientes pero con muchas ganas de torcer el destino esquivo en lo social, puesto que en lo natural desbordan de privilegios.
Como país con algunas herencias sajonas, el sistema de conducción es británico. Las calles son al revés que las nuestras y el volante esta ubicado del lado derecho del automóvil. Los primeros kilómetros fueron una sucesión de dudas, mordidas de banquina, golpes a la puerta buscando una palanca de cambios que estaba ubicada del otro lado, algún bocinazo de un conductor impaciente. Después de 60 km. llegamos a Pretoria, la capital del país.
Luego de visitar la ciudad por dos días, la aventura mas excitante nos aguardaba. Primero una noche en una reserva cultural, donde descendientes de distintas etnias originales del país, proponen un acercamiento diferente a las raíces de esta tierra.
Al llegar un coro de aborígenes cantando en Zulú, nos recibió. Piel de gallina, asombro, fotos y video a granel.
Mientras aguardábamos al resto del contingente que nos iba a acompañar en esta experiencia, fuimos alojados en una cabaña construida al estilo cxlosa (una de las etnias). La construcción rústica (Aunque no le faltaba electricidad ni baño).
Unos niños correteaban y nos observaban como si fuésemos bichos raros. Claro ellos apenas hablan algunas palabras en inglés, el español les resultaría extraño.
Una de las pequeñas se llamaba Sandiso, imposible olvidarlo. Una sonrisa del tamaño de su carita color café y dientes blancos inmaculados.
El horario de comienzo de actividades estaba fijado para las 18, así que teníamos un rato libre para recorrer la comarca aborigen.
Todo remitía a la historia del continente, el coro seguía cantando hasta que tuvieron un tiempito libre que mitigaron desplegando un mazo de naipes occidentales y modernos; pero lo más curioso ocurrió cuando unas mujeres estaban armando pacientemente unas muñecas con lentejuelas. Se me ocurrió filmarlas mientras les preguntábamos su procedencia, porque estaban vestidas de tal o cual manera, hasta que un conocido ruido quebró el encanto; una de las mujeres extrajo de entre sus ropas un celular, atendió y comenzó a hablar en un idioma indescifrable. Pocas vocales, muchos ruidos onomatopéyicos, algo realmente extraño.
Claro luego nos explicaron que la mayoría de ellos fueron convocados desde otros lugares. Sudáfrica es un país extenso, por lo tanto algunos provenían del sur, otros del centro y algunos otros del norte.
Después de una breve introducción, comenzó el recorrido de la comarca. Historias fascinantes, culturas diametralmente diferentes a la occidental. Cada etnia mostraba algunas cosas inherentes a sus costumbres. Forma de vida, subsistencia, organización social.
Mas tarde y antes de disfrutar de la cena, un show de danzas típicas, nos transportó al pasado. Trajes típicos, movimientos casi imposibles para cualquier mortal, música en vivo, alguna reminiscencia a los rituales ancestrales, sudor, mucho sudor.
Cuando la música terminó, la cena estaba servida. Mi comentario fue: lo único que falta es que alguno de ellos se siente en nuestra mesa. Dicho y hecho, tal como reza el refrán.
La propuesta, para los valientes, era comer carnes y vegetales extraños. Cocodrilo, avestruz, antílope y algunas verduras de las cuales no recuerdo su nombre, pero imposible olvidar su sabor. Todos y cada uno de los platos fueron testeados, nobleza obliga, hasta ese momento pensaba que la mejor carne estaba en mi país; y puede ser cierto pero esto si nos suscribimos a la vacuna exclusivamente. Manjares que aún hoy puedo casi recordar, sabores exóticos, diferentes, pero sumamente atractivos.De allí partimos hacia el Parque Nacional Kruger (la reserva mas grande del mundo) su extensión es mas amplia que algunos países, 400 km de largo por 70 km de ancho.
Un error de cálculo horario y una confusión en la elección de la puerta de entrada (hay varias) a la reserva, casi nos deja afuera ese día. Los parques son estrictos en los horarios de ingreso, por los peligros que implica andar de noche a la buena de Dios. La mayoría de las especies tienen hábitos nocturnos y esto no es un zoológico de animales sueltos.
Cuando me estaban negando el ingreso, atiné a decir que era argentino, que tenía una reserva, que tenía más miedo de andar de noche por afuera del parque que por adentro. Sólo lo convenció el ábrete Sésamo que los argentinos utilizamos en situaciones tirantes: Maradona. La gente de color es muy fanática del fútbol allí, así que pude comprobar en carne propia la utilidad de la palabra mágica. En un instante pasó del gesto adusto a una sonrisa cómplice y me entregó un folleto donde se detallan las normas de seguridad a respetar.
Me explicó que era sumamente riesgoso entrar al parque casi de noche. Me dio algunas instrucciones, inspeccionó el vehículo para constatar que no portaba armas y levantó la barrera.
La primera impresión fue encontrar un elefante destrozando un árbol. El folleto que me dieron a la entrada ponía más énfasis en el cuidado de un elefante, un rinoceronte o un hipopótamo que de cualquier otra especie.
Aunque el león, las hienas, los leopardos y chitas, también tenían un lugar privilegiado en el ranking de peligrosidad.
Una vez caída la noche, la marcha era obligatoriamente lenta (20 ó 30 km por hora). Un muro de pastizales surcado por el ripio, escasa visión, adrenalina en sus máximos valores. De repente algo cortaba el camino. Nos acercamos muy lentamente hasta que vimos claramente la imponente e inconfundible silueta de un rinoceronte (una de las especies mas peligrosas) parado en el medio de la ruta. Un par de luces, bocinazos; la bestia inmutable. Miedo, angustia, arrepentimiento por haber ingresado. 20 minutos parados, de repente un ruido familiar, un motor que pasaba cerca. Luces que se acercaban. Algo así como una nave extraterrestre se estacionó detrás nuestro. Eso pareció al principio, en realidad era un vehículo atestado de luces tipo busca huellas en su frente que nos encandiló, al tiempo que un guarda parque con cara de muy enojado golpeó la ventanilla de mi esposa. En términos duros, preguntó que estábamos haciendo allí. En inglés pero con los nervios de punta (para justificar mi tartamudez en el idioma sajón), le mostré el “bichito que teníamos adelante”, le dije que me habían dejado entrar 40 minutos antes. No aceptó disculpas de ningún tipo, hablo por radio en Afrikáans (uno de los idiomas oficiales del país) y espetó firme: Follow me! (sígame). Aceleró como para investir al animal que desapareció en el muro de pastizal. Mientras el hombre me guiaba a 60 km por hora (conociendo el camino, y con el vehículo preparado es mas fácil), yo hacía todo el esfuerzo de seguirlo lo mas cerca posible, no quería incomodar al guardaparque otra vez, menos pasar por otra experiencia similar.
No supe hasta llegar al portón del campamento Pretoriuskoop, si me estaba guiando a destino o me estaba deportando de la reserva.
Los nervios fueron aplacándose; mientras fui advertido por el administrador de la reserva que no debía aventurarme nunca más de esa manera. A lo que respondí que le prometía respetar la norma a rajatabla, no por él, sino por mis nervios.
Una vez alojados en la cabaña que teníamos reservada, dormí como si un tren me hubiese arrollado.
Seis días sumergido en el “El Kruger” pernoctando en diferentes campamentos, rodeados de una naturaleza increíble, sin perder ninguna excursión o recorriendo los caminos en auto, luego unos días en Pilgrim´s Rest (un pueblito minero de mas de 140 años, preservado obsesivamente como si uno estuviera en 1850) y una semana de descanso en Ciudad del cabo.
Intensidad era una de mis búsquedas en este viaje. Sin duda las experiencias culturales, naturales, los paisajes, lo olores, la diversidad, las costumbres diferentes; todo confluyó para hacer de esta una experiencia que superó ampliamente todas las expectativas.
Dejé África convencido de querer volver. Sentí que aquel lugar me pertenecía.
España
Con la excusa de haber terminado la secundaria sin sobresaltos, sin arrastrar ninguna materia, mi abuela paterna me dio a elegir un regalo hoy impensable.
Auto o viaje a Europa por tres meses. Con 18 años no había mucho que pensar: “Auto”, respondí, a lo que mi padre interrumpió: “va a tener que ser a energía nuclear y tener un escudo de fuerza (como en las películas, para que sea indestructible), olvidate que a yo te vaya a pagar el seguro y la nafta”, me espetó como sugiriéndome que eligiese la segunda opción.
Luego de reflexionar acerca de la conveniencia de tener un auto solo para recrear la vista y utilizarlo de maceta, opté por un viaje a España.
Lo mas alejado que había estado de mi casa eran unos 1600 km, asi que esta experiencia sería una aventura en si misma. Tres meses lejos de mis padres, pero con la mirada atenta y temerosa de mi abuela.
Partimos el 28 de diciembre de 1992 con destino a Madrid, previa escala en Río de Janeiro.
Al descender por dos horas, nos avisaron que teníamos que re-embarcar por puerta 9, pero omitieron advertirnos que estábamos en la Terminal de vuelos de cabotaje y que teníamos que ir al sector internacional. Una vuelta por el free shop, un paso obligatorio por el toilet y aguardar la puerta asignada,fue nuestra elección. El aeropuerto totalmente vacío, de repente apareció una señorita, le pregunté (por las dudas) por la puerta 9, a lo que me señaló el lugar donde estábamos aguardando.
Casi sobre la hora de partida, una señora que habíamos conocido en el trayecto Buenos Aires - Brasil apareció a los gritos. “Se va el avión!, señora, pibe, se va el avión!”. Saltamos como resortes del asiento y comenzamos a correr (mi abuela en aquel momento era una señora de 60 y tantos años). Luego de andar por pasillos, escaleras, subir, bajar, más pasillos, mientras los parlantes que repetían cual disco rayado nuestros apellidos, llegamos al fin a la famosa puerta 9 del espigón internacional. El personal de la aerolínea nos miró con mala cara, detrás nuestro se cerró la puerta de la aeronave. Todavía estábamos acomodándonos cuando el avión comenzó a carretear, a punto estuvimos de terminar el viaje antes de comenzarlo.
Mis expectativas estaban algo alicaídas al pensar en la perdida posibilidad de tener un auto propio, sin embargo, la despedida de los amigos, las horas arriba del avión, las primeras imágenes del continente viejo desde el aire y poner los pies en Barajas (el aeropuerto de Madrid), hicieron olvidar repentinamente las ganas de estar motorizado, para dejar paso al disfrute, al asombro.
Nieto de españoles, crecí rodeado de historias y anécdotas de principios de siglo XX, asi que tenía la imagen de un país con casas antiguas, servicios vetustos, gente embrutecida, de escasa formación, a causa de los trabajos relacionados a la actividad agrícola (mejor dejar la lista hasta aquí). Sin embargo, al poner un pié en la península ibérica noté que las cosas eran muy diferentes a la imagen que tenía.
En primer lugar un aeropuerto enorme, los taxis todos modelos sofisticados y nuevos, la gente finamente ataviada, edificios modernos a cada paso, todo me deslumbro desde un principio. A esta altura, el auto, ya era un vago recuerdo.
Nos esperaba la tía Concha en Valladolid, así que de la estación aérea a la Terminal de trenes Chamartín (algo así como la estación de once pero elevado a la enécima potencia, en tamaño y modernidad).
El tren, eléctrico, luminoso, ni un ruido, algo desconocido para mi. Estaba fascinado. Es un golpe fuerte venir con una mentalidad y encontrar algo totalmente diferente. Recuerdo que mientras dejábamos Madrid, me llamaron la atención la cantidad incontable de grúas que señalaban cada lugar donde había una construcción.
En el trayecto asomaron los primeros castillos (uno de mis sueños era visitar alguno, al final del viaje, estaba cansado de recorrerlos), cada 10 minutos pasábamos por una ciudad diferente, hasta que al final y luego de 200 y tantos kilómetros, llegamos a Valladolid. Puente colgante 28 la dirección de la mencionada tía.
Cansados de tanto trajín (16 horas de avión incluida la escala mas las 2 horas largas de tren), empezamos a deshacer las valijas.
Mi abuela me dice:“Bichín mirá, estas chancletas están acá desde que el abuelo y yo vinimos en el 83”, dijo mi abuela señalando un bolsillo de su maleta.
Acto seguido: “bichín, vos pusiste ropa tuya en mi valija?”.
“No, abue. Papá te pasó a buscar por tu casa antes que a mi, asi que tu valija ya estaba cerrada”
“Que raro, acá hay ropa que no es mía, es mas… la valija está a nombre de otra persona”
“Noooooo!, no te puedo creer!”
Rebobinando lo que había sucedido, recordamos el instante en que retiramos el equipaje en la sala donde las maletas pasan y uno se sirve la suya, o la que cree que es suya. Esto fue justamente lo que pasó. En Buenos Aires habíamos envuelto los bultos con ese celofán semitransparente que promete seguridad al viajante. Tomamos por error una maleta cubierta con este material y que era muy parecida a la de mi abuela. Al abrirla nos encontramos con la sorpresa. Llamé al aeropuerto. La persona que me atendió me explicó que nuestro equipaje estuvo cuatro horas girando en la cinta que las transporta y que el señor dueño de la valija que teníamos en nuestro poder, estuvo las mismas cuatro horas insultando a la compañía y a nosotros por la pérdida de sus efectos personales.
Al día siguiente deshicimos el camino andado para devolver lo que no nos pertenecía. Un gastadero de dinero imprevisto mas la jornada desperdiciada.
Es difícil explicar como se arreglan una abuela y su nieto para convivir, teniendo en cuenta la diferencia generacional. Hubo muchos momentos de zozobra en la relación, discusiones, enfados, sin embargo anécdotas sobran.
Días mas tarde emprendimos un itinerario por el sur de España en tren. Para ahorrar dinero en alojamiento viajábamos de noche en compartimentos para cuatro o seis personas con camas cuchetas. En uno de los tramos un reloj despertador nos molestó toda la noche. Al bajar del tren mi abuela me comentó “que desubicado ese que no apagaba la alarma, no pude pegar un ojo en toda la noche”, al llegar al hotel, comprobó que la insoportable sucesión de titititics provenían de su equipaje.
En granada hicimos la valija para continuar el viaje, pero no encontrábamos la llave de la habitación del hotel. Uno le endilgaba las culpas al otro y viceversa. Un cartel en la puerta de la habitación dejaba muy en claro que la pérdida de la misma, acarreaba una multa considerable. Al hacer el check out (salida del hotel), mentimos a coro y le dijimos al conserje que la llave estaba en la habitación. Finalmente y a unos 500 km. de distancia el objeto perdido apareció en los bultos de la abuela, solucionamos el inconveniente pidiendo disculpas telefónicas y enviando las llaves por correo.
Hubo muchos episodios que en su momento casi nos hacen “saltar la térmica”, sobre todo a la abue, que todo le da temor, pero la experiencia es inolvidable para ambos. Esto nos permitió unir a dos generaciones totalmente diferentes, ser cómplices en algo que los demás no pueden participar.
La abuela caminaba a la par de un muchacho de dieciocho años, sin chistar porque tenía temor de que algo me sucediera, entonces prefería acompañarme a casi todos lados.
Tres meses, decenas de vivencias y 10 kilos aumentados después, regresamos a Buenos Aires.
El personal de aduana preguntó si había algo para declarar o algún comestible (que esta prohibido ingresar), el bulto de la abuela apestaba de olor a jamón, sin embargo a cara de piedra contestó “no, solo traigo algunos regalitos”. El señor la miró fijo, dudó en revisar pero finalmente y con la certeza de estar haciendo la vista gorda, nos permitió pasar con el pequeño trozo de España que traíamos en la maleta para compartir con los que quedaron extrañándonos. Esta vez la valija era la correcta, se la reconocía a ojos cerrados.
Auto o viaje a Europa por tres meses. Con 18 años no había mucho que pensar: “Auto”, respondí, a lo que mi padre interrumpió: “va a tener que ser a energía nuclear y tener un escudo de fuerza (como en las películas, para que sea indestructible), olvidate que a yo te vaya a pagar el seguro y la nafta”, me espetó como sugiriéndome que eligiese la segunda opción.
Luego de reflexionar acerca de la conveniencia de tener un auto solo para recrear la vista y utilizarlo de maceta, opté por un viaje a España.
Lo mas alejado que había estado de mi casa eran unos 1600 km, asi que esta experiencia sería una aventura en si misma. Tres meses lejos de mis padres, pero con la mirada atenta y temerosa de mi abuela.
Partimos el 28 de diciembre de 1992 con destino a Madrid, previa escala en Río de Janeiro.
Al descender por dos horas, nos avisaron que teníamos que re-embarcar por puerta 9, pero omitieron advertirnos que estábamos en la Terminal de vuelos de cabotaje y que teníamos que ir al sector internacional. Una vuelta por el free shop, un paso obligatorio por el toilet y aguardar la puerta asignada,fue nuestra elección. El aeropuerto totalmente vacío, de repente apareció una señorita, le pregunté (por las dudas) por la puerta 9, a lo que me señaló el lugar donde estábamos aguardando.
Casi sobre la hora de partida, una señora que habíamos conocido en el trayecto Buenos Aires - Brasil apareció a los gritos. “Se va el avión!, señora, pibe, se va el avión!”. Saltamos como resortes del asiento y comenzamos a correr (mi abuela en aquel momento era una señora de 60 y tantos años). Luego de andar por pasillos, escaleras, subir, bajar, más pasillos, mientras los parlantes que repetían cual disco rayado nuestros apellidos, llegamos al fin a la famosa puerta 9 del espigón internacional. El personal de la aerolínea nos miró con mala cara, detrás nuestro se cerró la puerta de la aeronave. Todavía estábamos acomodándonos cuando el avión comenzó a carretear, a punto estuvimos de terminar el viaje antes de comenzarlo.
Mis expectativas estaban algo alicaídas al pensar en la perdida posibilidad de tener un auto propio, sin embargo, la despedida de los amigos, las horas arriba del avión, las primeras imágenes del continente viejo desde el aire y poner los pies en Barajas (el aeropuerto de Madrid), hicieron olvidar repentinamente las ganas de estar motorizado, para dejar paso al disfrute, al asombro.
Nieto de españoles, crecí rodeado de historias y anécdotas de principios de siglo XX, asi que tenía la imagen de un país con casas antiguas, servicios vetustos, gente embrutecida, de escasa formación, a causa de los trabajos relacionados a la actividad agrícola (mejor dejar la lista hasta aquí). Sin embargo, al poner un pié en la península ibérica noté que las cosas eran muy diferentes a la imagen que tenía.
En primer lugar un aeropuerto enorme, los taxis todos modelos sofisticados y nuevos, la gente finamente ataviada, edificios modernos a cada paso, todo me deslumbro desde un principio. A esta altura, el auto, ya era un vago recuerdo.
Nos esperaba la tía Concha en Valladolid, así que de la estación aérea a la Terminal de trenes Chamartín (algo así como la estación de once pero elevado a la enécima potencia, en tamaño y modernidad).
El tren, eléctrico, luminoso, ni un ruido, algo desconocido para mi. Estaba fascinado. Es un golpe fuerte venir con una mentalidad y encontrar algo totalmente diferente. Recuerdo que mientras dejábamos Madrid, me llamaron la atención la cantidad incontable de grúas que señalaban cada lugar donde había una construcción.
En el trayecto asomaron los primeros castillos (uno de mis sueños era visitar alguno, al final del viaje, estaba cansado de recorrerlos), cada 10 minutos pasábamos por una ciudad diferente, hasta que al final y luego de 200 y tantos kilómetros, llegamos a Valladolid. Puente colgante 28 la dirección de la mencionada tía.
Cansados de tanto trajín (16 horas de avión incluida la escala mas las 2 horas largas de tren), empezamos a deshacer las valijas.
Mi abuela me dice:“Bichín mirá, estas chancletas están acá desde que el abuelo y yo vinimos en el 83”, dijo mi abuela señalando un bolsillo de su maleta.
Acto seguido: “bichín, vos pusiste ropa tuya en mi valija?”.
“No, abue. Papá te pasó a buscar por tu casa antes que a mi, asi que tu valija ya estaba cerrada”
“Que raro, acá hay ropa que no es mía, es mas… la valija está a nombre de otra persona”
“Noooooo!, no te puedo creer!”
Rebobinando lo que había sucedido, recordamos el instante en que retiramos el equipaje en la sala donde las maletas pasan y uno se sirve la suya, o la que cree que es suya. Esto fue justamente lo que pasó. En Buenos Aires habíamos envuelto los bultos con ese celofán semitransparente que promete seguridad al viajante. Tomamos por error una maleta cubierta con este material y que era muy parecida a la de mi abuela. Al abrirla nos encontramos con la sorpresa. Llamé al aeropuerto. La persona que me atendió me explicó que nuestro equipaje estuvo cuatro horas girando en la cinta que las transporta y que el señor dueño de la valija que teníamos en nuestro poder, estuvo las mismas cuatro horas insultando a la compañía y a nosotros por la pérdida de sus efectos personales.
Al día siguiente deshicimos el camino andado para devolver lo que no nos pertenecía. Un gastadero de dinero imprevisto mas la jornada desperdiciada.
Es difícil explicar como se arreglan una abuela y su nieto para convivir, teniendo en cuenta la diferencia generacional. Hubo muchos momentos de zozobra en la relación, discusiones, enfados, sin embargo anécdotas sobran.
Días mas tarde emprendimos un itinerario por el sur de España en tren. Para ahorrar dinero en alojamiento viajábamos de noche en compartimentos para cuatro o seis personas con camas cuchetas. En uno de los tramos un reloj despertador nos molestó toda la noche. Al bajar del tren mi abuela me comentó “que desubicado ese que no apagaba la alarma, no pude pegar un ojo en toda la noche”, al llegar al hotel, comprobó que la insoportable sucesión de titititics provenían de su equipaje.
En granada hicimos la valija para continuar el viaje, pero no encontrábamos la llave de la habitación del hotel. Uno le endilgaba las culpas al otro y viceversa. Un cartel en la puerta de la habitación dejaba muy en claro que la pérdida de la misma, acarreaba una multa considerable. Al hacer el check out (salida del hotel), mentimos a coro y le dijimos al conserje que la llave estaba en la habitación. Finalmente y a unos 500 km. de distancia el objeto perdido apareció en los bultos de la abuela, solucionamos el inconveniente pidiendo disculpas telefónicas y enviando las llaves por correo.
Hubo muchos episodios que en su momento casi nos hacen “saltar la térmica”, sobre todo a la abue, que todo le da temor, pero la experiencia es inolvidable para ambos. Esto nos permitió unir a dos generaciones totalmente diferentes, ser cómplices en algo que los demás no pueden participar.
La abuela caminaba a la par de un muchacho de dieciocho años, sin chistar porque tenía temor de que algo me sucediera, entonces prefería acompañarme a casi todos lados.
Tres meses, decenas de vivencias y 10 kilos aumentados después, regresamos a Buenos Aires.
El personal de aduana preguntó si había algo para declarar o algún comestible (que esta prohibido ingresar), el bulto de la abuela apestaba de olor a jamón, sin embargo a cara de piedra contestó “no, solo traigo algunos regalitos”. El señor la miró fijo, dudó en revisar pero finalmente y con la certeza de estar haciendo la vista gorda, nos permitió pasar con el pequeño trozo de España que traíamos en la maleta para compartir con los que quedaron extrañándonos. Esta vez la valija era la correcta, se la reconocía a ojos cerrados.
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